La Secesión
La Guerra de Secesión sí tendrá lugar
En el momento de mayor expansión de su criadero, los Dayton llegaron a poseer dieciocho Ragdolls, todos ellos Raggedy Ann criados por Ann Baker. Más que suficiente para mantenerlos ocupados durante las largas noches de invierno.
Desde el principio, los Dayton intentaron colaborar con Ann Baker para dar a conocer el Ragdoll al gran público. La propia Ann reconoció que Denny fue el primer criador de Ragdolls que realmente perseveró. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la colaboración nunca llegó a funcionar debido a un evidente conflicto de intereses. Mientras Ann atraía la atención del público con afirmaciones sensacionalistas —que los Ragdolls eran una aberración de la naturaleza, que no sentían dolor, que jamás peleaban, que no perdían ni un solo pelo y que se relajaban completamente al ser cogidos en brazos—, aquella publicidad beneficiaba sobre todo a su propia imagen, pero no ayudaba en absoluto a los criadores, cuyo verdadero objetivo era encontrar familias para sus gatitos. Los Dayton, junto con el resto de los criadores, comprendieron muy pronto que el futuro del Ragdoll pasaba por un reconocimiento oficial por parte de las asociaciones felinas y por una presencia importante en las exposiciones, donde el público pudiera descubrir la raza tal y como realmente era. En una carta fechada el 19 de agosto de 1973 dirigida a Ruby Spagnol, otra criadora de Ragdolls, Ann escribió: «No puedo trabajar con el Sr. Dayton; me contradice constantemente hasta el punto de que nuestras ideas ya no están en absoluto en la misma sintonía. Necesito encontrar a alguien con quien trabajar para impulsar la raza hacia un reconocimiento nacional, y no hacia el pequeño mundo de las exposiciones.»
Los conflictos no tardaron en multiplicarse. Ann había redactado y registrado el estándar original del Ragdoll ante la NCFA, pero este solo contemplaba al Ragdoll mitted, consecuencia directa de su primer flechazo por Daddy Warbucks. A ella le parecía suficiente, pero no satisfacía en absoluto a los demás criadores, que deseaban registrar la raza en otras asociaciones, incluida la CFA. Como ocurre con frecuencia, cada asociación felina quería redactar su propia versión del estándar para aportar su toque personal y diferenciarse de las demás. Aquello indignaba profundamente a Ann, que repetía sin descanso que solo existía un único estándar para el Ragdoll: el suyo, y que no pensaba modificarlo por nadie, y mucho menos por una asociación felina.
Según ella, al cabo de siete generaciones todos los Ragdolls serían mitted, así que ¿para qué perder el tiempo redactando un estándar para los bicolores y los colourpoint? El problema era que, llegada la octava generación, los bicolores y los colourpoint seguían naciendo con toda normalidad entre los mitted de los distintos criaderos. Además, Ann les había asignado unas denominaciones tan simplistas como poco elegantes: «patas blancas», «patas negras» y «mitted». Los criadores deseaban sustituirlas por términos más apropiados y prestigiosos para su reconocimiento oficial. Finalmente, todos estuvieron de acuerdo en adoptar las denominaciones «colourpoint», «bicolor» y «mitted»... todos excepto una persona: Ann Baker. Ella quería conservar un control absoluto sobre todo lo relacionado con el Ragdoll. Temía que, si cedía un solo centímetro de autoridad, acabaría perdiéndolo todo. Por eso se oponía con firmeza a cualquier sugerencia, viniera de quien viniera.
Hasta 1973 intentaron llegar a un entendimiento con ella para promover juntos la raza, pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles. A partir de ese momento comenzó una auténtica guerra. Los abogados y los tribunales entraron en escena cuando otros criadores empezaron a unirse a los Dayton al darse cuenta de que la IRCA los había llevado a un callejón sin salida. Agotados por la avalancha de cartas, reproches, amenazas y citaciones judiciales con las que Ann Baker los acosaba, estuvieron a punto de rendirse. Entonces apareció un aliado inesperado: el general de brigada Robert Truby. Fascinado por el Ragdoll, les brindó un apoyo constante y decisivo que resultaría fundamental para poner fin a aquella pesadilla.
Ann Baker intentó absolutamente todo contra los Dayton. Ella misma asestó el golpe definitivo a su relación cuando los denunció ante el ayuntamiento de Thousand Oaks, donde la pareja se había instalado con todos sus gatos, acusándolos de ejercer una actividad comercial en una zona residencial sin autorización. Afortunadamente para Denny y Laura, aquella maniobra fracasó (véase más arriba). En realidad, Ann nunca consiguió que los tribunales condenaran a los Dayton. Muy al contrario, fue ella quien terminó siendo condenada y sometida a una orden judicial que le prohibía continuar difamándolos.
A partir de ese momento, la historia del Ragdoll siguió dos caminos distintos:
- Los Dayton y la RFCI.
- Ann Baker y la IRCA.